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Un héroe en Malvinas

Fue en un ensayo del Coro, cuando Beto les comunicó a sus compañeros que le había llegado la tan temida carta, esa en donde la Patria le pedía que fuera a Malvinas. Fue así, entonces entre abrazos y lágrimas que se fue despidiendo uno a uno. Sin ninguna duda podía llegar a ser la última vez que los viera.

Fueron pasando los días en las lejanas islas, en donde el frío, el hambre, el miedo, se fue apoderando de su corazón.

Y llegaron los disparos, las bombas, y con ellas la muerte…

Pero en esas noches de soledad a tantos kilómetros de su hogar, hubo algo que lo sostuvo, ese alimento del alma necesario para superar las peores adversidades. Dios había escuchado sus oraciones y llegaron las cartas de sus seres queridos y dentro de las mismas estaban las de sus amigos del coro.

La muerte visitó a cada momento esa trinchera, pero Beto, cuando pensaba que ya no había esperanzas, leía esas cartas y entonces las balas y bombas eran acalladas por la música del coro que sonaba en su corazón y lo transportaba a un mundo distinto, porque en definitiva todos los que cantamos sentimos eso, que viajamos al lugar mas profundo del alma, donde no hay dolor, donde reina la paz, esa que los hombres no sabemos cuidar.

La guerra terminó, en lo material, pero en la mente de cada uno de los héroes sobrevivientes, la misma sigue presente. Eran jóvenes que tuvieron que hacerse hombres de golpe.

Beto volvió y cuando se repuso de sus dolencias, lo primero que hizo es ir a escuchar al Coro, que casualmente interpretaba la obra “Hermano Sol, Hermano Luna”. Ese día finalmente descubrió que ese era su lugar en el mundo, junto con sus amigos, cantando. Que ese era el mejor remedio para curar las heridas del alma.

Y Beto cumplió, desde esos días y hasta ahora integra la cuerda de bajos del coro, conoció a Cristina su esposa con quien comparte hasta hoy la misma pasión, tuvo tres hijos. Dos de ellos, Matías y Noelia, también cantan en el coro, y Antonella la mas pequeñita también sigue sus pasos cantando en el coro municipal de niños de Ituzaingo.

Le pregunté si conservaba esas cartas que tanto lo sostuvieron y me dijo que hace poco la casa de su mamá se incendió, y en ese incendió también desaparecieron la mayoría de las cartas. Me pregunto, habrá querido Dios decirle a Beto que la misión de las mismas ya habían cumplido su objetivo, que sus enseñanzas ya estaban grabadas en su corazón.

No tengo la respuesta, pero de lo que si estoy seguro es que Beto ganó la guerra más importante, porque le ganó a la muerte, porque formó y educó a su familia sobre las bases y principios que esas cartas le enseñaron: que por sobre toda adversidad se encuentra el espíritu, la familia, los amigos y por supuesto la música y el coro.

Gracias por dejarme contar esta historia y mi homenaje a todos los héroes anónimos de Malvinas.

Sergio A. Paduczak 

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