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Historias Corales

Haber pertenecido al coro fue una de las experiencias más gratificantes. Fuertes recuerdos juveniles aparecen en imagen y sonido ligados a ese grupo.

Por ese entonces Merlo era una pequeña y pujante ciudad, o éramos nosotros los pequeños y pujantes, ¡vaya uno a saber!, en la memoria se confunde el propio crecimiento con el del entorno. Lo real es que cuando Miguel, con quien habíamos sido compañeros de piano, propuso la idea de participar en el coro, el sí salió de una manera espontánea. Con mi esposo, Eduardo, nos conocimos formando parte de un coro anterior y esta propuesta nos devolvía a una actividad que amamos profundamente.

Así fue que nos encontramos con un grupo entusiasta. Si hay una tarea socializante, es la coral, las individualidades perturban, es necesario esperar, ayudar, cooperar, sostener, coordinar, ponerse a la par si se quiere que el resultado sea bueno, y sobre todo sujetarse, a quien dirige y a los compañeros. Cuando todo esto se integra nace la música y comienza la fiesta. Importante aprendizaje. Además, semillero de amigos con los que todavía nos encontramos y celebramos.

Aparecen en la memoria los primeros ensayos, el repertorio y las presentaciones donde la garganta se anudaba, los lugares, el crecimiento y más tarde las separaciones. Algunas veces las opciones nos llevan por otros caminos. Pero saber que varios de aquellos con quienes compartimos los inicios siguen me da mucha alegría y añoranza. También se hacen presentes otros con los que participamos y que ahora ya no están entre nosotros.

Por ello parafraseando a la canción del estudiante rescato: los que lo son, los que lo fueron antes, los que por siempre tienen de coreutas, para toda la vida el corazón.

Elvira A .Perriello 

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