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Anécdota IV

Con motivo de los cuarenta años del coro y de la novedad de la página web, Miguel me propuso que escribiera alguna anécdota, un testimonio acerca de lo que viví durante los años que estuve en el Coro Municipal de Merlo.

Pensando en esto… bueno… anécdotas hay muchas, la mayoría muy cómicas; experiencias vividas… también, son realmente inolvidables, como estar en el Festival de Cantonigrós en España, en el año 1989… que emoción… mi primer viaje a Europa y con el Coro! Tengo muy presente un mediodía en el predio del festival, estábamos esperando fuera de la globa donde se servía el almuerzo, éramos varios coros de todas partes del mundo, un coro que se destacaba en especial era de Filipinas. De pronto en el medio del parloteo empezamos a escuchar el Carnavalito Quebradeño, lo que fue para mí inolvidable es la sensación que tuve al darme cuenta que lo estaban cantando los Filipinos, tal vez parece una pabada pero escuchar algo tan nuestro, interpretado con tanto sentimiento por personas con quienes no pudimos comunicarnos demasiado por el idioma que nos separaba, con una cultura totalmente distinta a la nuestra, fue algo genial, de esos momentos que uno siente que se le pone la piel de gallina!!

La música indudablemente nos une a todos, no importa el idioma que uno hable, no importa el lugar de dónde uno viene, es tan maravillosa que es capaz de juntar un coro polaco, uno argentino, uno francés, cada uno con su idioma y su cultura, y sin embargo capaces todos de unirse para interpretar el Sabat Mater de Rossini, todos en un mismo idioma, todos sintiendo eso tan difícil de explicar a veces, que nos produce en el alma la alegría y la emoción de hacer música, en nuestro caso de cantar.

Y como estos recuerdos, tantos otros. En mi caso, quince años vividos junto a los integrantes del coro. Los amigos del coro, los amigos del mundo que conocimos viajando con el coro, los de Falkenbach, los de Bélgica, la uruguaya que conocí en Chile en el Cantapueblo, los del coro que ya no están, los que crecieron y se casaron y tuvieron hijos y los hijos crecieron y también están en el coro!!!!
Los viajes, los chusmeríos, la radio que grabamos una vez en la casa de Cris y Beto para mandarle el cassette a Nora y Osvaldo que estaban viviendo en Europa.

Un montón de cosas lindas compartidas que nunca se van a borrar de la memoria ni del corazón.
Hoy, después de ocho años de estar viviendo en el sur, por suerte tengo el privilegio de poder seguir participando de vez en cuando en alguna presentación especial con el Coro, como en éste caso el Requiem de Mozart, gracias a la invitación de Miguel, lo cual me llena de orgullo.

Mis saludos a todos los que en algún momento de estos cuarenta años hicieron posible que se lograra la gran trayectoria que éste grupo adquirió junto a su Director.

Un beso enorme desde la distancia.

Mariana Real 

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